De todos modos

julio 9, 2017 at 2:39 am (Uncategorized)

Vengo de lugares muy duros. De posiciones incómodas. No me acostumbro. Me cuesta encontrarle una vuelta. Me quiero refugiar rápido en el frío metal. Decir que no. Salir corriendo. Qué cobardía. Sin duda estallan en el cielo las estrellas cuando me mira. Pero eso no es suficiente. No sé nada de eso. No se nada. Y aunque no saber me resguarde. Y cuando se parta la tierra en dos aún yo me quiera sentar a mirar de costado. No puedo. Eso es lo que me desgarra fuerte el abdomen cuando me quiero ir. Punzadas dolorosas en el cuello.

Y a la noche te veo. Y nos comemos de a poco. Saboreamos lo que se puede. Hay pausa y hay ansias. Pero ya no rechinan en mis piernas los escalofríos de antes. Vencido cierto miedo aún me queda la pregunta. La ceguera me hace mierda. Y destruyo un rey de copas. Será que abundan por ahí los adalides de tu amor. Y yo me siento tan solo un imbécil más en la lista. O no. Será que puede retornar siempre lo que no cerraste. Porque dicen por ahí que hay historias que nunca terminan. Que hay cruces que se prometen a la distancia. Que ninguna cortesía es tan cortés.

De todos modos me abro. Pero quiero dejar sentada mi aversión a todos esos temas. Me cubro con los atavíos habituales. Y esperemos que todo salga mal como tiene que ser.

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Repartir

julio 2, 2017 at 10:38 am (Uncategorized)

Toma el cigarro para encenderlo. Con la mirada recorre fríamente la cama. Casi oscuro. Amaneciendo. Se deja llevar por el humo. Se descuida un poco de toda la situación. Sabe que no extraña nada más que ese fuego crepitando. Había salido hacía rato de sus rodeos cotidianos. Antes de eso no podía pensar. Mira al costado y la ve. Ella no lo mira. Letra tras letra recorre el alfabeto para encontrar una inicial. No atina. Quizá sea Tina. O no. Se delata su desinterés. No era un secreto. Aliteraba sonidos para desencontrarse con ella. Estrechando su miseria friega sus manos. Sabe que en medio de todo eso lo menos fortuito es la letra que salga de su boca. Ella no lo mira.

Se detiene en el crepitar que suena con la brasa. Hace años que busca soledad sin encontrarla. Ella también. Cada poco tiempo devela su ración de patetismo. Busca una o dos veces el consuelo de frialdad que le toca. Apacigua el vacío con esas brasas. Devuelve humo a cambio. Ella también. No se dicen nada cierto. Siquiera las letras para llamarla vienen a su mente. La flaca se gira para verlo fumar. Sonríe. Ella también. Escucha el cuadro que se dibuja en los colores de su piel. No le gusta hablar de más. La palabra es capciosa. Engaña. Preferiría guardarse todo. No lo hace porque no puede. Ella también.

Descubre una risa diferente. No la conocía. Es un pobre imbécil. Ella lo sabe. Y se disculpa con la mirada por no responder su mirada al tono encantador que propone. Elige salir del tablero. En el borde ya anticipa su jugada. Es todo diferente. Ella lo sabe. Él está diferente y no puede emitir palabra. Se asusta un poco por su fantaseo. Se asusta mucho de la sonrisa que le lanza. Ella lo sabe. Se va moviendo de a poco al casillero de salida. Se ve que este tablero no le proponía llegar a ningún lado. No tenía nada en juego para dar. Ella lo sabe. Y cuando cruzan de nuevo miradas ya no sonríen. Se mueve calmo hacia la orilla dispuesto a dar el salto. Se sumerge en los hilos que había dejado a los pies del tablero. Lento, sin apuro. No jugar más no siempre cierra las puertas. Ella lo sabe. Sale caminando despacito. Ya conoce la salida. No dice nada. Ya se había despedido hacía rato. Antes de encender el cigarro ya no estaba allí. Ella lo sabe.

La puerta se cierra. Ella toma una sábana. Se acerca a la ventana. Lo ve salir con altura. Se sienta a ver cómo se aleja. No hace nada al respecto. Se equivoca. Ella lo sabe. Toma un cigarro. Fuma con calma. Ella también. Llueven sus mejillas. Le duele algo que no sabe dónde está. Se sienta a pensar sola. Se aleja. Ella no lo mira.

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C(s)i-(h)erre y enfoque

julio 1, 2017 at 9:48 pm (Uncategorized)

Detrás del cristal de los lentes veo la imagen borrosa. Pienso por un instante que es su culpa. Por eso los alejo. Los miro a contraluz. Veo las marcas de mis dedos. Tomo el trapito y limpio con ahínco cada milímetro. No era eso.

Se borronea allá lejos. Detrás del marco aparece esa traza. Una esquirla molesta. Un bokeh. Ese punto fuera de foco. Me alivia por otro lado. Se me escapa allí un punto. Será el punto de fuga. Si se escapa la fuga no me queda otra. Estoy ahí sin salida. El perro me devuelve la mirada. Gira la cabeza. Se acerca y posa su hocico en mi pierna. Lo nota. Nota que algo anda mal. Algo anda dando vueltas en mis ojos. Que lo miro y miro al costado también. A ver por donde se borronea la foto.

Me castiga una y otra vez la torpeza de intentar ver directamente lo que se mueve con mi propia mirada. Es valioso apuntar esa lección. Tomo nota. No se mira donde se cierne el ojo. No es eso.

Queda tomar distancia y que se c(s)i-(h)erre el paralaje. Será cuestión de enfocar.

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Res-piro

junio 27, 2017 at 4:18 pm (Uncategorized)

Respiro. Eso es un alivio. Te das cuenta que encontraste un punto muerto. Tus ojos pretenden dejar de ver. Y por suerte tu mente queda en blanco. Y no. No es mejor cuando pasa todo eso. Quería hacer sonar algo. Escucho las pobres notas disonantes. El jazz también se compone. No quiero entender nada de todo esto. Acontece, que no es tanto como pensaba. Me debato en todos los flancos. Quedo desarmado apenas se descubren los intrusos. Ella no. Ella enrojece. Ella dice que no importa. Ella dice. Con su tono intenta parecer despreocupada.  Pero espera que yo no le dé importancia. Mi camino es de huida. Me recluyo en el más escondido de los pasajes. Si puedo llego al subsuelo. Es allí donde puedo cometer todos los crímenes que me interceptan. Rebato una y otra vez todas mis ideas. Quizá intento quitar fundamentos para estar acá y allá al mismo tiempo. Ella no. Ella no pierde nada. Cuando caen los vestigios de lo que no termina de alejarse ya vuelven a aparecer. Un corte incierto. Su espera de posibles cruces. Quizá se crucen. Quién sabe. Yo no sé. Yo no puedo saber. Yo no. Yo no espero. Intento nada. Sin sutileza. Nada. Un abrupto desaparecer. Ya no estoy seguro de que pueda sostenerme acá. Me cuesta mucho. Me duele saber. Y cuando surge igualmente todo queda en eso. No saber. Un imperativo. Callate. Que se endurezca todo. De tanto golpe se hace cayo.

Respiro. Eso es un alivio. Te das cuenta que encontraste un punto muerto. Tus oídos pretenden dejar de escuchar. Y por suerte tu mente queda en blanco. Y no. No es mejor cuando pasa todo eso. Quería clavarme la piel de tanto sufrir. Los arañazos no son placenteros tampoco ahora. Lobos en la cama se muerden con más pasión y sin límites. No puedo dejar de entender nada de todo esto. Acontece, que no sé si es mucho o poco. Me siento degradado. Quedo en el mismo plano que todos. Soy, con suerte, más. Allí están todos, en la misma lista. Uno más, uno menos. Quizá tengan grados diferentes. Ella no. Ella enfurece. Ella dice que no. Ella dice. Con su tono intenta parecer despreocupada. Pero espera que yo no le dé importancia. Mi camino es de huida. Me recluyo en una armadura bien completa. Que me dé movilidad si se puede. Se nota que tendré que batirme a duelo pronto. Enfrentarme a todos y cada uno de ellos. Perder o ganar es lo que está siempre en juego. No estoy dispuesto a semejante posición. Tal competencia no me merece. Sin embargo aparezco allí. Ella no. Ella no pierde nada. Cuando caen los vestigios de lo que no termina de alejarse ya vuelven a aparecer. Un corte incierto. Su espera de posibles cruces. Quizá se crucen. Quién sabe. Yo no sé. Yo no puedo saber. Yo no. Yo no espero. Intento nada. Sin sutileza. Nada. Un abrupto desaparecer. Ya no estoy seguro de que pueda sostenerme acá. Me cuesta mucho contar de este modo. Entrar en la cuenta. Darme por descontado. No saber. Un imperativo. Callate. La letra con sangre entra. En la cuenta.

Quizá sea la serie la que ordena. Y lo que sigue sea la suma de los dos elementos anteriores.

Res-piro. Fugir o patir. L’amargor es fa sentir.

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Cruce y recta

mayo 27, 2017 at 11:03 pm (Uncategorized)

Vos no esperás a nadie. Tu ritmo se marca paso a paso. A veces te siguen. No significa que te alcancen. No tenés ganas de saber qué pasos te llevaron por tal o cual camino. Tantas manos en tu hombro no te dejan. Por suerte fuiste perdiendo algunas. Se te hace pesado. Quedaría algún paso por dar todavía. Ya lo sabés. Será  momento de largar más lastre.

Ella te sale al paso. Cruza tu camino y te hace salir del esquema. La mirás. Se hace ver. No te deja alternativa. Te cae. Una manzana sobre tu cabeza. Te deslumbra con sus giros. Baila. Se acerca. Se aleja. Te deja esperando el próximo movimiento. Te seduce. Viene a caminar junto a vos. Y aún en todo ese manto rojizo sigue escondiendo su verdad. Escondida, a la vista.

Vos no esperabas a nadie. Te habías decidido. Encontrar una salida solitaria entre muchas otras cosas. Es una sensación conocida y extraña. Mientras tanto esperás sus jugadas. Ella juega para decir que no. Ella juega para decir que sí. Te saca de todos esos lugares. Insinúa que son demasiado públicos. Vos no sos inocente. La haces esperar. Querés que lo diga con todas las letras. Estás bien dispuesto a darle tiempo.

Ella te lo dice. Cruza tu boca con más que palabras. Sabe que no tiene ganas de esperar. Pero se sorprende de sus pasos a cada momento. Te admira la facilidad con que avanza. Como si lo hubiera pensado todo. Y no. Ella también se asombra. Tan sorprendente encontrarse así. Al cruce de lo que no se puede agradecer. Y sin embargo te agradece por tanto. Se sonrojan. No les entra tanto amor.

Un día te lo confiesa sin querer. Quedó enganchada. Sabés a qué se refiere. Claro que de otro modo. A vos te agarró inesperadamente. Empezaron a engañarse. Serían pistas falsamente falsas. Un camino más enredado. Te apabulla, te embarulla. Importante es que no huyas. Así se acercan. Encuentran calor.

No desesperes. No se pierde menos por mucho cuidarse.

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Toma

mayo 20, 2017 at 5:00 am (Uncategorized)

En la caja encontró todo lo que de facto consideraba necesario. A pesar de lo que faltaba allí estaba contenido lo esencial. Estaba en juego la pervivencia del sonido de las campanas. El fundirse en el rojo fuego. Entonces la luz enardece. El faro sigue girando. La campana suena débil allá a lo lejos. Cada vuelta de la luz dura once segundos. En todos los puntos de la costa hay once segundos de oscuridad. En la caja la sangre está desparramada entre la piedra y una llave vieja y oxidada. En la playa la luz ilumina. Ese ojo ciego que ilumina sin ver. Destruye a su paso toda sombra y sin embargo no puede alejar de sí la oscuridad. Toma la piedra. Golpea la campana una y otra vez. Toma la llave oxidada. Golpea la campana una y otra vez. Eso suena. Pero la campana no deja de hacer con eso más que lo que no puede hacerse. Es un espejismo en medio de la mediocridad de una noche salpicada por las heridas. Los claroscuros de la habitación son bruscos y no dejan tinta media mucho tiempo. Esos once segundos de giro lo ponen maníaco. Y mientras sigue chorreando sangre golpea la campana una y otra vez. Toma la piedra. Golpea la campana. Toma la llave. Golpea la campana. Nunca una idea sensata hubiese asomado por su cabeza. Por ejemplo tomar la llave y cerrar la puerta para que no lo puedan ir a buscar. Nunca una idea sensata hubiese asomado por su cabeza. Por ejemplo tomar la piedra y destruir la luz del faro. Se muestra silente y eufórico. Como un normando entrando en batalla. Ese desembargo que da pie al contraataque. En esa guerra que lo embarga. Tomado por ese cierre, cierne sobre sí el cerrojo del candado que lo condena y canta, contoneándose furibundo mientras entona una nana nocturna inolvidable en blancos berreos borrosos o clamores condenados a catarros inmundos, inundados o enmudecimientos de-mora.

Toma la piedra. Toma la llave. Toma. Mato.

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Al final

mayo 8, 2017 at 8:11 am (Uncategorized)

Yo. Yo no. Yo no sé. Yo no, Sena. Yo no, cena, ¿da?. Yo no sé nada, ¡delo! Yo no sé nada, ¡delo! ¿qué? Yo no sé nada ¡delo! ¡queme!. Yo no sé nada de lo que me pasa. Yo no sé nada de lo que me pasa, ¿cuándo?. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoico. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos enroscado. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos enroscado en él. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos enroscado en el amor. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos enroscado en el amor, oh. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos enroscado en el amor, oh, sí. Yo no sé nada de lo que me pasa cuando estoy con vos enroscado en el amor, o sí. O sí.

Yo no sé Sena, cena, ¿da? sé nada ¡delo! ¿qué? ¡queme! que me pasa ¿cuando? estoy estoico con vos enroscado en él, el amor, oh, sí, o sí.

Sí.

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Des-tiempo, sín-copa, dis’onan’sí-a

mayo 7, 2017 at 5:48 pm (Uncategorized)

Acompasado en seis octavos tocando con swing y síncopa. Movía su cabeza al ritmo mientras escuchaba sonar toda la banda. Esa música ácida. El jazz es una experiencia de ritmo y destiempo. Jugar a lo que no encaja del sonido allí donde se le supone. Los profanos lo escuchan sin entenderlo. Al iniciarse en este mundo hay un oído que no sabe lo que está escuchando. Entre el destiempo y la disonancia se cobra distancia de lo que se escucha.

Que le des tiempo. Esa es la consigna. Para escuchar lo que resuena en las notas azules, en los conteos dispares, en los movimientos del cuerpo. Es una forma de contornear lo que suena. Una vez en el escenario solo queda tocar. Que el movimiento de las notas serpentea los ritmos discontinuos. El tono fuera de escala. El golpe un poco más allá y acá de tiempo. La tensión de lo que no se escuchó nunca hasta ahora.

Los dedos y las manos se mueven con fuerza. Se a-prestan hacer sonar los cuerpos moldeados en curvas y cuerdas. Cada tecla ingresa en el orden de lo que no encaja. Y desensamblados recuerdan que su ritmo no lo pueden seguir otros. A veces ellos mismos se pueden perder para encontrarse al rato.

Que le des tiempo. Esa es la consigna. Quizá llegue al leimotiv de la cuestión y pueda seguir escuchando. Quién te dice, quizá se anima a tocar. Y si eso asoma ante tanto desorden. Y si retumban los oídos de confusión. Y si miran con los ojos extrañados. Y si nada de eso ocurre. Y si. Molesta no escuchar en-cuadrado. Hasta que la cosa fluye de nuevo. Se destraban las clavijas. Suenan los vientos. Impactan las baquetas. Se tensiona en un obstinato. Pasar a la espera del estallido o la calma que no se puede definir de antemano. El jazz es demasiado humano.

Ella te mira de reojo. Sienten el ritmo atravesando su cuerpo. Al principio algo incomoda. Soportar caer fuera de tiempo. No entender el acento. Confundir apertura y cierre. Luego empiezan a acomodarse a esa incomodidad. A sostener esa tensión. Lo anhelante. Tu mirada se sostiene. De costado. Ella la encuentra. Al principio sonríe. Mira a un lado. Mira hacia el otro. Sonríe. Vos sonreís. Ella escucha y se ríe. Fuma un poco y el humo termina en tu cara. No tiene copa. Ella sín-copa. Y vos le acercas tu trago. Como era de esperarse el acento cae en esta nimiedad. Mientras se buscan todo lo demás. Es el ritmo que empiezan a entramar.

Apuras un poco el paso y ella te cruza. Qué te pensaste. El destiempo está en la música y ella sabe que va a bailar como quiere. Amaga y te deja con ganas. No por mucho. Su mirada te sostiene. Vuelve a buscarte. La cruzás. Qué se piensa. Eso le gusta. Eso y el sonido ácido de la sordina del saxo. Te susurra un buen acorde y lo disonante pasa a otra escena.

Quien escuche lo que suene sabrá que lo suyo es el jazz.

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Ulises

mayo 2, 2017 at 8:35 am (Uncategorized)

Mientras Penélope está lejos Ulises escucha el canto de las sirenas. Por suerte se ata al poste. Así escucha y no salta. El viaje es breve. La aventura es lo que continúa. Al reencuentro con Penélope siguen batallas con presencias extrañas. Finalmente deja de tejer lo destejido. El calor no lo asegura el abrigo.

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Cast(r)o

mayo 2, 2017 at 8:27 am (Uncategorized)

Casto es un idiota. Entra en escena a destiempo siempre para quedar solo. No encuentra modo de abrir brecha por donde entrar. Queda fuera de todo lugar. No sabe lo que hace. Aún así piensa que lo elige. Sufre. No le queda otra que sufrir. Quiere sostenerse allí a toda cosa. Aún cuando se sienta desorientado y no pueda hacer nada más.

No podemos saber por qué elige quedarse. Quizá su amada le exige esto con total tiranía. Y como buen idiota se queda ahí. Está solo. Acompañado está solo. Mal acompañado está y solo se queda. No mira al costado. Sabe que está allí. Bien mal. Para ser amada, ella pide el amor de Casto. Cada vez que caigo en la cuenta de esto abofeteo al pobre Casto. No se da cuenta de cuanto pad(r)e-se(r).

Es un sacrificio costoso. Es sabido. Jugar la cortesía. Corte-sí-a que se debe sin darse. Por qué no dejar en deuda lo cortés. O quizá aplicarse la regla y que lo cortés no quite lo valiente. Pero Casto no lo entiende. Su idiotismo es cosa seria. Varios años lo acompañan de estúpidos momentos de soledad con su amada.

Allí estábamos Casto y yo. Debatiéndonos cómo salir de tal encrucijada. Mientras Casto duda, yo cast(r)o.

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